El ingrediente que aparece primero en la lista pesa más que los demás: si esa posición la ocupa el azúcar o la harina refinada, el producto estará principalmente compuesto por esa materia.
Dedicar unos minutos a leer una etiqueta en el supermercado o en una tienda local ayuda a elegir mejor: permite comparar productos, evitar sorpresas y adaptar la compra a intolerancias, metas nutricionales o preferencia por ingredientes reconocibles.
1) Lista de ingredientes: la secuencia es importante
Los ingredientes están organizados de mayor a menor cantidad según su peso en la elaboración. Por eso es fundamental observar cuáles son los primeros; de allí proviene la esencia del producto.
Prefiere ingredientes claros. Un producto de calidad puede contener pocos componentes; otro, una lista extensa con términos complejos. No todo lo técnico es negativo, pero si es posible, es preferible optar por una lista más corta y transparente.
2) Alérgenos: verifica antes de adquirir
Si tú o algún miembro de tu hogar tiene alergias o intolerancias, revisa la sección dedicada a alérgenos y las advertencias. Expresiones como “puede contener” señalan riesgo de contaminación cruzada y deben considerarse con seriedad.
3) Información nutricional: considera los valores “por 100 g/ml” para comparar
La tabla nutricional presenta energía, grasas (y grasas saturadas), hidratos de carbono (y azúcares), proteínas y sal. Para hacer comparaciones precisas, utiliza siempre una base uniforme: generalmente por 100 g o 100 ml.
- Para reducir azúcares, revisa la cantidad de azúcares e identifica si se añaden en los ingredientes.
- Si te interesan las grasas, observa las grasas saturadas y el tipo de aceite o grasa usados.
- Si monitorizas el sodio, presta atención a la cantidad de sal.
La legislación de la Unión Europea obliga a que la información nutricional se especifique, al menos, por 100 g o 100 ml, facilitando así la comparación entre productos.
4) Aditivos: qué son y motivos de su inclusión
Los aditivos suelen identificarse mediante su categoría o un código (E-número). No todos son dañinos: muchos aseguran la conservación, seguridad o textura. La cuestión importante es por qué se usan: ¿son indispensables para que el producto alcance lo que promete?
Si la lista contiene muchos ingredientes y varios aditivos, considera opciones más sencillas si se ajustan mejor a tus prioridades.
5) Claims y mensajes comerciales: interprétalos con base en hechos
Palabras como “integral”, “sin azúcar”, “alto en fibra” o “reducido en sal” anuncian características del producto, pero es importante verificar dos aspectos:
- El significado real de ese claim (por ejemplo, “reducido” no implica “eliminado”).
- Qué modifican la tabla nutricional y la lista de ingredientes.
Un reclamo atractivo puede esconder compensaciones; evalúa el conjunto para no dejarte llevar solo por el mensaje publicitario.
6) Porciones y raciones: no consideres únicamente el tamaño del envase
Muchos productos indican valores “por ración”. Para comparar correctamente, vuelve a la información por 100 g/ml. Si te interesa la porción, calcula la cantidad del envase que equivale a tu consumo habitual.
Esto resulta especialmente práctico para snacks, bebidas y productos con consumo en volumen.
7) Caducidad, almacenamiento y uso tras abrir
Consulta la fecha (de caducidad o consumo preferente), condiciones de conservación y si requiere refrigeración, ya que influyen en la seguridad y calidad.
Si el producto se guarda tras abrirlo varios días, sigue las recomendaciones para evitar riesgos.
Método ágil al elegir en la estantería
- Primero: ingredientes (orden y claridad).
- Después: alérgenos, en caso de haberlos.
- Luego: tabla nutricional por 100 g/ml para hacer comparaciones.
- Finalmente: claims, aditivos y condiciones de conservación.
Este procedimiento transforma la etiqueta de un formato legal a una herramienta útil para seleccionar productos adecuados para tu alimentación y la de tu familia.
Si necesitas orientación puntual en Ceuta, puedes solicitar información sobre etiquetado a la Oficina Municipal de Información al Consumidor (OMIC) o a la Consejería de Sanidad de la Ciudad Autónoma; ambos suelen ofrecer apoyo en temas referentes a alérgenos, reclamaciones y dudas sobre etiquetas.
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