Comprender la importancia del mes de Ramadán requiere conocer los fundamentos que sostienen la religión islámica. Los cinco pilares del Islam representan las responsabilidades básicas que un musulmán debe cumplir. En esta lista, el Ramadán, llamado Sawm, ocupa la cuarta posición, aunque su alcance supera la mera abstención de alimentos.
Este mes es, fundamentalmente, una oportunidad anual para cultivar la rectitud moral, la paciencia y la conciencia social.
Contexto: Los pilares que fundamentan la fe
Al igual que una construcción requiere pilares firmes para sostenerse, en el Islam estos pilares son:
- Shahada: La declaración de fe.
- Salat: Las cinco oraciones diarias.
- Zakat: La contribución obligatoria a los necesitados.
- Sawm (Ramadán): El ayuno durante el noveno mes del calendario islámico.
- Hajj: La peregrinación a La Meca.
¿Por qué ocupa el cuarto lugar? Porque supone que el creyente ya posee una fe sólida (1), realiza sus oraciones con regularidad (2) y es generoso con sus recursos económicos (3). El ayuno representa la disciplina interior, un paso esencial para purificar el alma antes de cumplir con la peregrinación.
El significado de Sabr: La paciencia entendida como fortaleza
El Ramadán suele denominarse el “mes de la paciencia” (Sabr). En la tradición islámica, el Sabr no implica una espera pasiva, sino una resistencia proactiva.
- Paciencia física: Soportar el hambre y la sed sin quejas.
- Paciencia emocional: Gestionar la irritabilidad, el mal humor y la impulsividad que pueden derivarse del cansancio.
- Paciencia espiritual: Mantener la dedicación a las oraciones y a la lectura del Corán cuando el cuerpo solicita descanso.
El propósito es que al concluir el mes, la persona haya desarrollado una voluntad suficiente para hacer frente a cualquier dificultad o tentación en su vida diaria.
Más allá del ayuno físico: La rectitud ética
Un proverbio islámico dice: “Quien no renuncia a la mentira y a las malas acciones durante el ayuno, Dios no necesita que abandone la comida y la bebida”.
Esta expresión refleja la verdadera finalidad del Ramadán. El ayuno corporal es simplemente un medio para facilitar el ayuno de los sentidos:
- Ayuno de la palabra: Evitar la mentira, las críticas a espaldas (ghiba) y los insultos.
- Ayuno de la vista: No contemplar aquello que es inmoral o que genera envidia.
- Ayuno del corazón: Depurar el alma de resentimientos, soberbia y egoísmo.
Este periodo funciona como un “reinicio” moral que busca alcanzar la Taqwa, un estado de conciencia constante sobre la presencia divina en cada acción.
La caridad y la justicia social
Durante el Ramadán, la empatía se hace palpable. Al practicar el ayuno voluntario, el musulmán se conecta con quienes padecen hambre por necesidad.
Esta empatía se refleja en actos de caridad (Sadaqah). Es el mes en que las donaciones aumentan y se recuerda que la riqueza es una responsabilidad colectiva, no un bien exclusivo. Compartir el Iftar (la comida que rompe el ayuno) con vecinos, desconocidos o personas en situación de calle, manifiesta que nadie debe ser ignorado.
Conclusión: Un cambio interior
El Ramadán no debe entenderse como un castigo, sino como una oportunidad para la reflexión personal. Al disminuir la atención a las necesidades físicas, se permite que la voz del espíritu se exprese con mayor claridad. Quien finaliza el Ramadán habiendo experimentado únicamente la privación material, no ha captado la esencia de este pilar. Aquél que concluye este mes siendo más paciente, honesto y generoso, ha comprendido genuinamente el significado de ser musulmán.
















