Durante un período de tres días, el presidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, se mantuvo prácticamente aislado en la sede del Consell, conocida como la Casa de las Brujas, acompañado solamente por su círculo más cercano y en contacto permanente con su familia. Ese lapso transcurrió entre reflexiones, momentos silenciosos y debates internos, hasta que expresó una determinación definitiva: “Quiero marcharme.”
Fuentes próximas al expresidente indican que Mazón dedicó el fin de semana a evaluar las implicaciones tanto políticas como personales de continuar en su puesto. Desde el jueves estableció comunicación directa con el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, quien —según confirman voces oficiales del partido— no pretendía solicitar su renuncia. La decisión, según estas fuentes, fue tomada de manera personal.
El ambiente dentro de la sede del Consell se caracterizó por una completa discreción. Conforme avanzó el tiempo, las apariciones públicas y las reuniones oficiales disminuyeron progresivamente. Entre sus colaboradores más cercanos hubo quienes intentaron persuadirle para que permaneciera; otros reconocieron que la resolución estaba tomada de antemano.
El domingo por la noche, tras un último intercambio con su equipo y familiares, Mazón anunció su dimisión. Con este acto, concluyó un periodo marcado por tensiones internas en el partido y un aumento en la presión política que, conforme admiten cercanos, había llegado a ser insostenible.
La Casa de las Brujas, escenario de diversos episodios trascendentales en la política valenciana, volvió a servir como testigo de una renuncia sorpresiva. A pesar de que en Génova no se registraron instrucciones directas, este desenlace sitúa al PP valenciano frente a un nuevo escenario de incertidumbre.











