Las relaciones diplomáticas entre España y Estados Unidos han alcanzado un nivel de tensión inédito. En una entrevista telefónica concedida este jueves al diario The New York Post, el presidente Donald Trump definió a España como una «perdedora» y reprochó al Gobierno de Pedro Sánchez su falta de colaboración, criticando la ausencia de respaldo español en la ofensiva militar contra Irán.
Una cuestión de soberanía y compromiso económico
Trump expresó su descontento con un tono duro, relacionando su molestia con la estrategia militar y las responsabilidades financieras en el marco de la OTAN.
“España es una de las pocas que pierde, mientras otros ganan”, afirmó el presidente estadounidense. Añadió que “España no coopera en equipo, y nosotros tampoco colaboraremos con ellos”.
El mandatario justificó sus críticas argumentando que España muestra una postura hostil hacia la OTAN por negarse a aumentar su gasto en defensa hasta un 5% del Producto Interior Bruto (PIB), cifra que triplica los compromisos previos asumidos por los miembros de la Alianza Atlántica.
La guerra en Irán, punto central del desencuentro
El principal motivo del conflicto actual radica en la postura española sobre el conflicto en Irán. Luego de que Trump amenazara el martes pasado con romper todas las relaciones comerciales con España, la tensión aumentó al desmentir el Gobierno de Sánchez la Casa Blanca, aclarando que no existe una colaboración militar conjunta en la región.
En la entrevista, Trump también criticó al primer ministro británico, Keir Starmer, señalando que «no es un Winston Churchill» debido a sus dudas iniciales para permitir el uso de bases aéreas en la ofensiva contra Irán.
La respuesta española: «Sin compromisos en derechos humanos»
Desde Barcelona, la ministra de Defensa, Margarita Robles, respondió con contundencia a las declaraciones críticas del presidente estadounidense. Robles enfatizó que la participación de España se limita a misiones de paz respaldadas por acuerdos internacionales y siempre respetando la legislación vigente.
“La defensa de los derechos humanos debe realizarse sin atajos ni excepciones. El orden mundial debe fundamentarse en normas claras”, afirmó la ministra, y lamentó la carencia de una cohesión europea sólida ante el aumento de movimientos nacionalistas y de extrema derecha.
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