El presidente Donald Trump establece un ultimátum de quince días para lograr un acuerdo nuclear mientras Teherán advierte sobre su capacidad de respuesta ante un posible ataque militar
La estabilidad en Oriente Medio atraviesa un momento delicado. Según varios especialistas, la probabilidad de un enfrentamiento bélico entre Irán y Estados Unidos supera las expectativas de un éxito diplomático en las negociaciones nucleares. Esta situación se agrava debido a lo que los expertos consideran un error en la valoración por parte de la República Islámica, que sobrevalora su fuerza y no ha ofrecido concesiones significativas en las negociaciones.
Un ultimátum de quince días
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha incrementado la presión al fijar un plazo de entre 10 y 15 días para concretar un acuerdo final. Esta demanda surge tras las conversaciones indirectas desarrolladas en Mascate y Ginebra durante febrero bajo la mediación de Omán. Mientras Washington contempla la posibilidad de un ataque limitado sobre territorio iraní, Teherán se mantiene firme y anuncia que presentará en breve una propuesta propia.
No obstante, las posturas parecen irremediablemente enfrentadas. Se prevé que la iniciativa iraní se centre únicamente en el ámbito nuclear —rechazando la suspensión total del enriquecimiento— y excluya de la negociación temas considerados innegociables por la Casa Blanca: la limitación del programa de misiles balísticos y la interrupción del apoyo a grupos como Hezbolá y Hamás.
Errores de cálculo y discurso bélico
Ali Vaez, director del Proyecto sobre Irán del International Crisis Group, afirma que el liderazgo clerical iraní está cometiendo un error estratégico. Según Vaez, Teherán interpreta las negociaciones como una maniobra estadounidense para justificar un conflicto y, por ello, no ofrece las «concesiones sin precedentes» que se requieren.
En esta misma línea, el analista Mashalá Shamsolwaezin señala que Estados Unidos sigue una estrategia de aumentar las demandas para presionar hacia una acción militar. No obstante, advierte que Irán posee la capacidad de hundir navíos y desafiar a la potencia norteamericana. El líder supremo, Ali Jameneí, ha subestimado la presencia naval estadounidense en la zona, asegurando la disponibilidad de armas para hundir al portaaviones USS Abraham Lincoln.
El mayor despliegue militar desde 2003
La presión diplomática se refuerza con un despliegue militar sin precedentes en las últimas dos décadas. Estados Unidos ha enviado a la región:
- Una docena de buques de guerra liderados por el portaaviones USS Abraham Lincoln.
- Sistemas de defensa antimisiles y diversas aeronaves de combate.
- Un segundo grupo de ataque encabezado por el USS Gerald R. Ford.
Por su parte, la Guardia Revolucionaria iraní ha respondido realizando ejercicios militares conjuntos con Rusia y maniobras en el estrecho de Ormuz, llegando incluso a cerrar parcialmente esta ruta, por donde circula el 20 % del petróleo mundial.
Mediación internacional ante el riesgo de conflicto
Ante la amenaza de un conflicto a gran escala, la comunidad internacional ha intensificado sus esfuerzos diplomáticos. Naciones como Catar, Omán, Arabia Saudí y Turquía trabajan para evitar un enfrentamiento, mientras que el secretario general de la ONU, António Guterres, ha exhortado a ambas partes a mantener el diálogo y agotar todas las vías diplomáticas.
A pesar de estos llamamientos, la negativa de Irán a abandonar sus posturas ideológicas y defensivas, sumada a la retórica de Estados Unidos que sugiere un posible cambio de régimen, coloca al Golfo Pérsico frente a una de sus mayores amenazas en décadas.
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