El encuentro previsto entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, constituye una nueva instancia de tensión entre ambos, evidenciando que la posibilidad de lograr un acuerdo en temas clave como el envío de tropas de paz a Ucrania sigue siendo remota.
Esta será la séptima reunión directa entre ambos mandatarios y, hasta la fecha, los recientes movimientos geopolíticos, influenciados por líderes como Donald Trump, no parecen facilitar un acercamiento entre el Ejecutivo y la oposición.
La reunión con Feijóo forma parte de una ronda de contactos que Sánchez ha iniciado con los grupos parlamentarios, exceptuando a VOX, que no fue convocado, y a Junts, que declinó participar. En el orden del día figura el posible despliegue de tropas españolas en Ucrania, un asunto delicado y polémico.
La pregunta que surge es por qué Sánchez decide abordar este tema ahora, cuando no parece haber solución próxima para la crisis generada por Putin. Existen diversas interpretaciones, que van desde un intento de mostrar iniciativa en la política exterior hasta una estrategia para desviar la atención de problemas internos, como los escándalos de corrupción que afectan al PSOE.
Por su parte, Feijóo llega a la reunión con demandas claras. El Partido Popular ha dejado claro que espera una explicación detallada de la política de defensa y exterior del Gobierno, rechazando limitar la discusión a la mera posibilidad del envío de tropas a Ucrania.
Las exigencias del PP incluyen que se someta a “votación vinculante” el presupuesto y la estrategia militar vinculados con la defensa nacional. Sin embargo, esta petición enfrenta restricciones constitucionales, ya que aunque el envío de tropas requiere la aprobación de las Cortes, la estrategia defensiva es competencia exclusiva del Ejecutivo.
En este contexto, las propuestas de Feijóo resultan difíciles de aceptar, pues implicarían renunciar a potestades constitucionales asignadas al Gobierno. Desde el PP advierten que, si el Ejecutivo no accede a sus demandas, Sánchez debería buscar respaldo entre sus aliados legislativos.
A pesar de las diferencias, el PP afronta un dilema al negar apoyo al envío de tropas, especialmente cuando líderes de su grupo europeo, como el canciller alemán y el primer ministro polaco, lo respaldan. Mientras tanto, el Gobierno se muestra dispuesto a continuar el diálogo y exponer su postura ante los cambios geopolíticos actuales.
La situación en Ucrania continúa siendo central en la agenda parlamentaria, mientras que el acceso a la vivienda emerge como un nuevo foco de conflicto entre el Ejecutivo y sus socios de Sumar. Frente al agravamiento de la crisis habitacional, la propuesta principal de Sánchez suscita más tensiones de las previstas, con críticas que la acusan de favorecer a los propietarios por encima de quienes buscan vivienda.
Finalmente, el debate sobre el modelo de financiación autonómica presenta serios obstáculos, dado que la mayoría de las Comunidades Autónomas, con la excepción de Cataluña, rechazan la iniciativa del Gobierno, que se ha visto condicionada por intereses políticos enfrentados. Estos temas reflejan la complejidad del escenario político actual en España, donde las discrepancias entre actores políticos se intensifican con cada nuevo desafío.

















