La reciente muerte de Ali Jamenei en un bombardeo conjunto de EE. UU. e Israel el 28 de febrero ha generado turbulencias en la escena internacional. Sin embargo, en Moscú se observa una respuesta mesurada y estratégica. Informes desde la capital rusa indican que el presidente Vladimir Putin estaría dispuesto a ceder influencia en Oriente Próximo para preservar su principal objetivo: la neutralidad de Donald Trump en el conflicto de Ucrania.
Aunque Irán ha sido un aliado fundamental, proporcionando drones y apoyo militar para la ofensiva rusa en Ucrania, Putin opta por no tensar las relaciones con el mandatario estadounidense. La estrategia del Kremlin es sencilla: mantener una relación no conflictiva con Trump facilita la reducción del respaldo occidental a Kiev y evita nuevas sanciones económicas contra Rusia.
El componente nuclear y el «fatalismo» en Rusia
La caída del liderazgo iraní ha reforzado la posición de los sectores más radicales dentro del Kremlin, conocidos como «fatalistas». Para estos sectores, el destino de Irán evidencia que, en el actual sistema internacional, solo los países con armamento nuclear cuentan con garantías para su supervivencia.
«El caso de Irán confirma que únicamente la posesión de un poder militar decisivo protege a un gobierno. A diferencia de Jamenei, Putin dispone de las ojivas necesarias para impedir cualquier intervención extranjera», afirman expertos próximos al gobierno ruso.
Pérdidas para Rusia tras el colapso en Teherán
El derrumbe del régimen iraní representa un revés económico y estratégico significativo para Moscú:
- Riesgo en inversiones: Décadas de capital ruso invertido en los sectores del gas, petróleo, ferrocarriles y energía nuclear civil podrían quedar comprometidas.
- Inestabilidad en la región: Moscú teme que el vacío de poder en Teherán genere desestabilización en el sur del Cáucaso y Asia Central.
- Proyectos de transporte de gas: Las iniciativas para canalizar gas ruso a través de Irán podrían perder valor y convertirse en cargas financieras.
No obstante, especialistas apuntan que la capacidad militar rusa en Ucrania no sufrirá un impacto decisivo, dado que Moscú ha logrado reemplazar gran parte de los drones que anteriormente importaba de Irán por producción nacional.
Ucrania: quien sale beneficiado del desorden
Curiosamente, el conflicto en Oriente Próximo también favorece algunos de los objetivos de Putin en Europa del Este:
- Desviación de la atención internacional: El foco mundial se ha desplazado de Ucrania hacia Irán.
- Mercado energético: El incremento en los precios del petróleo favorece la economía rusa.
- Demanda en defensa: La elevada necesidad de misiles interceptor por parte de los aliados estadounidenses reduce la prioridad a Ucrania en los suministros.
En este contexto, las negociaciones de paz en Ucrania se encuentran detenidas. Rusia, lejos de lamentar la pérdida de un socio como Irán, parece aprovechar esta situación para consolidar su posición económica y política, con la esperanza de que la administración Trump mantenga su política de abstención en el conflicto ucraniano.
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