El cine de Irán goza de reconocimiento mundial por su narrativa profunda y poética, aunque suele omitirse la contribución fundamental de sus mujeres cineastas. Desde 1964, cuando Forugh Farrojzad creó la película pionera «La casa negra», las mujeres han tenido un papel esencial en esta industria.
Farrojzad fue no solo cineasta, sino también poetisa y activista, cuyo trabajo ha dejado una marca importante en la cultura cinematográfica iraní. Su obra, que aborda la vida en un refugio para enfermos de lepra, ha sido calificada como representativa del cine iraní, según el historiador Mark Cousins, quien destaca que Irán cuenta con una ‘madre fundadora’ en su historia cinematográfica.
A lo largo del tiempo, las cineastas en Irán han enfrentado un contexto social patriarcal y restrictivo, reflejando su activismo en sus producciones. Durante la década de los 80, el gobierno inició el financiamiento de películas con temáticas de infancia y entorno rural, promoviendo indirectamente el surgimiento de alegorías en las obras dirigidas por mujeres.
En la última edición del Festival de Berlín, Mahnaz Mohammadi presentó «Roya», que relata la historia de una profesora encarcelada por manifestarse contra el régimen. Este filme tiene relación con su propia experiencia, pues en 2011 fue detenida por protestar en apoyo a otros activistas.
La situación en Irán se complica, especialmente tras ataques realizados por EE.UU. e Israel. La Asociación de Cineastas Iraníes Independientes ha expresado tanto reconocimientos como alertas sobre la vulnerabilidad del colectivo artístico y el riesgo de que el gobierno los utilice como escudos humanos. El ambiente actual se caracteriza por un silencioso y complejo cruce entre arte y política.
A lo largo de cuarenta años, numerosas películas femeninas han mostrado las historias y desafíos vinculados a la dictadura. Según Jafar Panahi, galardonado con la Palma de Oro, las mujeres iraníes constituyen las principales protagonistas de la oposición.
Una película destacada es «La manzana», dirigida por Samira Makhmalbaf a los 17 años. Narra el caso real de dos hermanas gemelas que estuvieron encerradas hasta sus 12 años por las creencias extremas de su padre. Esta obra no solo fue relevante por su contenido, sino que también posicionó a Makhmalbaf en el Festival de Cannes.
Otros proyectos como «Facing Mirrors» de Negar Azarbayjani exploran cuestiones de identidad y exclusión social. La trama gira en torno a una mujer que asume el papel del marido encarcelado y su interacción con una mujer transgénero. Este filme fue pionero en integrar un personaje trans en el cine iraní, en un contexto de creciente represión.
«Tehran Without Permission», dirigido por Sepideh Farsi, destaca por documentar la vida cotidiana con un teléfono móvil en los meses previos a las elecciones de 2009, reflejando las esperanzas y frustraciones de la población local.
La película «Nahid» de Ida Panahandeh aborda las complicaciones del divorcio en un entorno donde los derechos femeninos están en disputa, y obtuvo reconocimiento en Cannes, reforzando el papel de las mujeres en la narrativa cinematográfica del país.
Más recientemente, en 2024, Maryam Moghaddam y Behtash Sanaeeha estrenaron «Mi postre favorito», que relata el amor entre una viuda y un taxista. Este filme fue rodado sin los permisos oficiales, evidenciando los riesgos que enfrentan las cineastas iraníes y su perseverancia frente a la constante opresión.
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