¿Te ha pasado dejar un pequeño sorbo de café en la taza, aunque podrías beberlo sin dificultad? Según especialistas en psicología y divulgación científica, este hábito común no se debe a la pereza ni a la falta de interés por la bebida, sino al modo en que el cerebro procesa las sensaciones y emociones durante el consumo.
Dejar el último trago no significa necesariamente que el café esté en mal estado o haya perdido sabor. Muchas veces, esta conducta es producto de respuestas automáticas que el cerebro activa mientras bebemos, sin que seamos plenamente conscientes.
La aversión al asco: un mecanismo de defensa ancestral
Uno de los factores fundamentales para explicar este comportamiento es la aversión al asco, una reacción emocional profundamente arraigada en el ser humano. Este mecanismo evolutivo funciona como una defensa para evitar consumir alimentos o sustancias potencialmente dañinas, aunque no exista un peligro real.
En el caso del café, variaciones en la temperatura, el sabor, la textura o la posible presencia de sedimentos en el fondo de la taza pueden provocar esta respuesta de rechazo. Aunque la bebida sea segura, el cerebro interpreta estas señales como menos agradables o sospechosas, generando la inclinación a no beber el último sorbo.
Este fenómeno no se limita al café, sino que también se ha observado con otras bebidas y alimentos, donde la parte final de la experiencia sensorial desencadena una respuesta de evitación, aun sin riesgo concreto para la salud.
Saciedad sensorial: cuando el placer disminuye
Otro concepto psicológico útil para comprender este hábito es la saciedad sensorial, que describe el proceso por el cual el placer asociado a un sabor o estímulo se reduce gradualmente a medida que se repite su consumo.
A medida que baja el nivel del café, el cerebro nota cambios en la intensidad del sabor y en la experiencia global. Con cada sorbo, la recompensa sensorial disminuye hasta que llega un momento en que el deseo de seguir bebiendo desaparece, haciendo que el último trago sea prescindible.
Mente y hábito: señales de cierre que van más allá del gusto
Desde un punto de vista cognitivo, el cerebro tiende a establecer un punto de cierre antes de que la taza quede vacía. Cuando considera que ya ha obtenido la mayor parte del placer esperado, interpreta que la acción de beber café ha finalizado.
Esta señal interna de conclusión explica por qué muchas personas experimentan satisfacción antes de terminar la bebida y por qué el último sorbo puede verse como innecesario o incluso molesto, en lugar de como la conclusión natural de la experiencia.
En conjunto, la aversión al asco, la saciedad sensorial y los mecanismos cognitivos de cierre contribuyen a explicar por qué dejar el último sorbo de café es un comportamiento tan común. Un gesto sencillo que refleja cómo el cerebro administra el placer, la seguridad y los hábitos cotidianos de forma automática.
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