A medida que Game of Thrones avanzaba hacia su conclusión, la escala de la producción creció de forma exponencial. A pesar de que las temporadas finales tuvieron menos episodios (pasando del estándar de 10 capítulos a solo 7 y 6), el tiempo de rodaje y postproducción no se redujo; de hecho, se mantuvo igual o incluso aumentó.
Puntos clave:
- Complejidad técnica: Los episodios finales no eran capítulos de televisión estándar, sino prácticamente largometrajes con efectos visuales complejos y batallas masivas.
- Logística de rodaje: Una sola secuencia de batalla (como la de “The Long Night”) tomó semanas de grabaciones nocturnas, lo que equivale al tiempo que antes se usaba para filmar media temporada.
- Calidad sobre cantidad: Los creadores optaron por concentrar el presupuesto y el esfuerzo en menos horas de contenido para garantizar un espectáculo visual de nivel cinematográfico.
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