Una investigación conjunta entre la Universidad de California y Boston Consulting Group alerta sobre el «brain fry», una fatiga cognitiva intensa que afecta a quienes manejan o supervisan IA de forma continuada. Ya el 14% de los usuarios manifiesta signos de saturación mental.
MADRID – La incorporación de la inteligencia artificial en el ámbito laboral prometía aliviar al ser humano de tareas complejas, aunque parece que conlleva un coste inesperado. Expertos han definido el término “brain fry” (fritura cerebral) para describir un estado de agotamiento mental profundo que ocurre cuando la interacción con sistemas automatizados excede la capacidad cerebral para procesar información.
¿En qué consiste la «fritura cerebral»?
A diferencia del desgaste laboral burnout, que es de carácter crónico y multifactorial, la «fritura cerebral» se refiere a una fatiga cognitiva específica. Esta ocurre debido a la supervisión continua de sistemas automatizados, la corrección de textos generados por IA o la gestión simultánea de diversas herramientas de inteligencia artificial.
El trabajo, publicado en la reconocida Harvard Business Review tras encuestar a casi 1.500 empleados, muestra que el cerebro puede llegar a un punto de saturación que dificulta el razonamiento claro.
Signos del «Brain Fry»
Los afectados, principalmente aquellos con mayor dominio tecnológico en sus empresas, describen un conjunto de síntomas preocupantes:
- Niebla mental: dificultad para concentrarse o mantener la continuidad de una tarea.
- Retraso en la toma de decisiones: respuesta lenta ante situaciones que antes se resolvían rápidamente.
- Desconexión crítica: problemas para evaluar la coherencia o validez de los resultados entregados por la IA.
- Malestar físico: dolores de cabeza recurrentes tras largas jornadas de interacción con modelos de lenguaje o automatismos.
Una paradoja para los primeros usuarios
El informe señala que quienes están más expuestos no son los empleados reticentes a las nuevas tecnologías, sino los primeros en adoptarlas. Al incorporar varias soluciones de IA en su trabajo diario, estos usuarios manejan un ritmo y volumen de información que supera la capacidad continua del cerebro humano.
“Aunque la IA pueda operar sin descanso, la persona que la supervisa no debería hacerlo”, advierten los autores. Subrayan que el riesgo aumenta significativamente cuando las empresas obligan a utilizar estas herramientas o las relacionan con evaluaciones de desempeño sin facilitar pausas para la desconexión cognitiva.
Sugerencias: uso equilibrado de la IA
Los expertos de Boston Consulting Group aconsejan que la implementación de estas tecnologías sea moderada y balanceada. La IA es eficiente para automatizar tareas repetitivas, pero su uso continuo puede afectar la capacidad de juicio del trabajador.
La recomendación principal es introducir pausas con menor exposición tecnológica y comprender que supervisar procesos automatizados es una labor exigente que demanda igual o mayor energía que hacerlo manualmente.
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