El Miércoles de Ceniza señala el fin de los festejos y el comienzo de la Cuaresma con un desfile fúnebre lleno de simbolismo e ironía
Este miércoles 18 de febrero, en España se conmemora el Miércoles de Ceniza, que en el calendario litúrgico simboliza el inicio del período de preparación para la Pascua. Para muchas personas, representa la despedida definitiva de Don Carnal. El Entierro de la Sardina se consolida como la ceremonia de clausura principal del Carnaval, una tradición profundamente arraigada en diversas ciudades españolas y latinoamericanas que combina la parodia social con el luto simulado.
Un cortejo fúnebre que mezcla ironía y duelo
El Entierro de la Sardina es un desfile provocador donde la sardina, protagonista central, sirve para satirizar las normas de la Cuaresma y el tradicional ayuno. La comitiva incluye a un variado grupo de viudas, autoridades, sacerdotes y militares, quienes visten de negro riguroso y acompañan con fingidos lamentos un pequeño ataúd o carroza en la que se encuentra la figura de la sardina.
El acto suele finalizar con la incineración de una figura simbólica o con el entierro del pez, un gesto que encierra un significado profundo: dejar atrás el pasado y los excesos cometidos durante los días festivos para dar paso a la sobriedad y a la reflexión propias de las semanas previas a la Semana Santa.
Aunque esta celebración se efectúa en diversos municipios de toda España, como Madrid y Badajoz, destaca especialmente Murcia, donde la tradición adquiere un matiz diferente. En la ciudad murciana, el festejo ocurre la semana siguiente a la Semana Santa y representa, a diferencia del resto de España, la victoria de la alegría sobre la seriedad.
El origen: un envío en malas condiciones y el humor madrileño
La explicación más aceptada acerca del origen de esta festividad remite al Madrid del siglo XVIII, durante el reinado de Carlos III. Según la historia, un cargamento de sardinas destinado para ser consumido en la vigilia de la Cuaresma llegó en mal estado tras un largo trayecto desde la costa.
Al recibir la instrucción de enterrarlas en las afueras de Madrid —en la orilla del Manzanares próxima a la Casa de Campo—, los habitantes decidieron escoltar el cargamento con un cortejo fúnebre simulado, en un acto de humor propio del Carnaval. Esta representación tuvo tanto impacto social que se convirtió en una celebración anual. Incluso Francisco de Goya la inmortalizó en una de sus obras más reconocidas. Con el tiempo, esta tradición se difundió por el resto del país y América Latina.
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