El líder de ‘Se Acabó La Fiesta’ fue testigo en la boda entre dos hombres en 2023 en Sevilla.
Un gesto que evidencia las contradicciones de un movimiento que corteja simultáneamente al electorado ultraconservador y reivindica una supuesta modernidad.
Alvise Pérez, eurodiputado por la formación Se Acabó La Fiesta (SALF) y una de las figuras más polarizantes del panorama político español, ejerció como testigo en la boda civil entre dos hombres celebrada en 2023 en una conocida finca de Sevilla. El dato, que podría parecer anecdótico, adquiere una dimensión política considerable cuando se contrasta con el perfil ideológico que proyecta su movimiento y con el electorado al que apela.
Pérez ha construido su carrera política sobre un discurso incendiario en redes sociales, apelando sistemáticamente a un electorado descontento que, en su mayoría, procede de la órbita de VOX y de sectores ultraconservadores de la derecha española. Su retórica, plagada de referencias al patriotismo, la soberanía nacional y la defensa de los valores tradicionales, ha encontrado eco precisamente en los segmentos de la población que más recelos manifiestan hacia las políticas de diversidad afectivo-sexual.
Que el mismo líder que galvaniza a ese electorado haya ejercido como testigo en una boda homosexual plantea una pregunta incómoda: ¿sabe su base electoral quién es realmente Alvise Pérez, o consume únicamente el personaje que este proyecta desde sus canales de Telegram?
Una conquista que la ultraderecha ha combatido, ya que España fue en 2005 el tercer país del mundo en legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo, mediante la modificación del artículo 44 del Código Civil impulsada por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. La Ley 13/2005, de 1 de julio, añadió un párrafo al citado artículo que establecía que “el matrimonio tendrá los mismos requisitos y efectos cuando ambos contrayentes sean del mismo o de diferente sexo”, equiparando plenamente en derechos a todas las parejas, incluida la adopción conjunta.
La norma fue recurrida ante el Tribunal Constitucional por el Partido Popular, que entonces lideraba Mariano Rajoy. El alto tribunal no resolvió el recurso hasta 2012, cuando avaló la constitucionalidad de la ley por ocho votos frente a tres. Desde entonces, el matrimonio igualitario forma parte del ordenamiento jurídico español de manera incontestable.
Sin embargo, la ultraderecha española nunca ha dejado de cuestionar este derecho. Santiago Abascal, presidente de VOX, ha manifestado en múltiples ocasiones su oposición tanto al matrimonio entre personas del mismo sexo como a la adopción homoparental, llegando a afirmar que los niños necesitan “un padre y una madre”. VOX incluyó en su programa electoral la derogación de las leyes LGTBI autonómicas y ha votado sistemáticamente en contra de cualquier iniciativa parlamentaria orientada a ampliar los derechos del colectivo.
La Iglesia, firme en su oposición
La Conferencia Episcopal Española se ha mantenido doctrinalmente alineada con la postura oficial del Vaticano, que considera el matrimonio como una unión exclusiva entre hombre y mujer. Si bien el Papa Francisco ha abierto en los últimos años una vía hacia la bendición pastoral de parejas del mismo sexo —recogida en la declaración Fiducia Supplicans de diciembre de 2023—, la Iglesia sigue sin reconocer validez sacramental alguna a estas uniones. En España, la jerarquía católica se opuso frontalmente a la Ley 13/2005 y organizó manifestaciones multitudinarias contra su aprobación.
Es precisamente este sector católico ultraconservador uno de los caladeros electorales naturales de SALF, lo que hace aún más llamativo que su líder haya participado activamente en una ceremonia que la doctrina que muchos de sus votantes profesan considera contraria a la ley natural.
Los críticos de Alvise Pérez llevan tiempo señalando que su proyecto político se sostiene sobre una total ambigüedad. SALF carece de un programa ideológico estructurado y coherente: su discurso muta en función de la audiencia y del momento. Ante un público joven y urbano, Pérez se presenta como un libertario desenfadado que no tiene problema alguno con la homosexualidad. Ante un público conservador y rural, apela a la identidad cristiana de España.
El episodio de la boda sevillana ilustra a la perfección esta estrategia de doble discurso.
Para numerosos analistas, SALF no es un partido de ultraderecha al uso ni un partido libertario ni un movimiento populista clásico: es, ante todo, un vehículo de promoción personal construido sobre la viralidad y el agravio contra el PSOE.
A preguntas de este digital, el líder de SALF ha afirmado que «no estoy en política para meterme en el dormitorio de nadie, sino para que los recursos de todos vayan a los intereses de los españoles, y no de una casta política que nos divide entre siglas e ideologías para saquearnos» sin considerar que su cristianismo sea incompatible con defender la igualdad entre uniones homosexuales y heterosexuales:
«¿Quién cojones soy yo para juzgar el amor entre dos hombres o dos mujeres?»
La pregunta es: ¿Conocen sus votantes esta doble moral?
Únete al canal de WhatsApp de Más que al día
Recibe las alertas de última hora directamente en tu móvil.
UNIRME GRATIS AL CANAL
















