El chef Rafuel revela las técnicas esenciales para que este tradicional dulce de Semana Santa conserve su forma sin deshacerse, utilizando film transparente y una mezcla enriquecida de leche y nata.
Una vez más, la torrija se posiciona como el postre típico e imprescindible durante la Semana Santa en España. No obstante, lograr que esta preparación resulte cremosa en su interior y firme en su estructura sigue siendo un reto para quienes la elaboran en casa. Para superar este inconveniente, el chef barcelonés Rafuel ha compartido un procedimiento que asegura la estabilidad de la torrija durante todo el proceso, además de intensificar su aroma.
El primer aspecto a considerar es la materia prima. En lugar del pan tradicional con corteza dura, el chef aconseja emplear pan de brioche. Su textura suave y esponjosa permite que cada pieza absorba la mezcla líquida de forma homogénea sin deshacerse. Para una presentación uniforme, sugiere cortar el brioche en cuadrados y eliminar los bordes, garantizando que todas las porciones absorban la misma cantidad.
Infusión y la importancia del frío
La jugosidad notable no depende únicamente de los ingredientes, sino también del método de empapado. Rafuel propone emplear leche entera y nata a partes iguales, logrando una densidad que evita que el pan pierda su forma. Antes de añadir el huevo batido, esta mezcla debe infusionarse con piel de limón, naranja y canela.
Tras sumergir el pan por ambos lados en esta preparación, el paso crucial es el reposo. El chef explica: “Una vez aplicado el líquido, se cubren las torrijas con film transparente para conservar sus aromas y se refrigeran durante unas horas”. Esta fase en frío permite que los sabores se intensifiquen y, principalmente, que la estructura del pan se compacte, facilitando su manipulación sin riesgo de rompimiento.
Origen en la Antigua Roma
Aunque ahora se relaciona la torrija con la Cuaresma y la Pascua en la tradición cristiana, sus raíces son mucho más antiguas. Documentos históricos de la Antigua Roma ya describen platos con pan remojado en leche y frito. En sus orígenes, esta preparación no era necesariamente un postre de temporada; era una forma sencilla de aprovechar el pan duro y aportar energía, siendo común incluso para la recuperación posparto.
La receta ha ido evolucionando junto con la despensa española. Antes de que se popularizase el azúcar en el siglo XVIII, la miel era el endulzante habitual. Asimismo, el vino se empleaba comúnmente como alternativa más económica a la leche, una variante que aún se mantiene en algunas regiones. Esta adaptabilidad ha permitido que la torrija se extienda internacionalmente, con versiones como el pain perdu francés o las French toast en Estados Unidos, consolidándose como un clásico de la gastronomía mundial.
Únete al canal de WhatsApp de Más que al día
Recibe las alertas de última hora directamente en tu móvil.
UNIRME GRATIS AL CANAL

















