El Gobierno, con el apoyo de Bildu, ha aprobado un nuevo conjunto de ayudas sociales que busca prolongar medidas como la suspensión de desahucios, el mantenimiento de servicios básicos y la actualización de pensiones. Sin embargo, el gasto estimado —aproximadamente 7.900 millones de euros— ha generado preocupación por su impacto en las finanzas públicas.
En la última reunión del Consejo de Ministros del año se autorizó un paquete social que contempla medidas urgentes para proteger a los colectivos más vulnerables. Entre ellas se incluyen la actualización de las pensiones, la extensión de la prohibición de desahucios, la vigencia del bono social eléctrico, subvenciones para el transporte público y la ampliación de ayudas para afectados por catástrofes.
Este acuerdo, fruto de la negociación con EH Bildu, pretende mantener en 2026 las políticas sociales implementadas en ejercicios anteriores. A pesar de su orientación social, los cálculos indican que este “Escudo Social” podría ocasionar un déficit adicional de al menos 7.900 millones de euros si no se complementa con incrementos en los ingresos.
El mayor costo está vinculado al aumento de las pensiones contributivas, mínimas y de viudedad, junto con la garantía del bono social eléctrico para hogares en situación vulnerable. Además, la continuidad de la suspensión de los desahucios y los cortes en suministros esenciales implica un gasto considerable.
El paquete también contempla ayudas al sector agrario, subvenciones para damnificados por situaciones de desastre, la prórroga de incentivos para el transporte público y determinadas exenciones fiscales. Todo ello amplía el gasto social del Estado en un contexto económico marcado por la alta inflación, la deuda pública y los compromisos presupuestarios con la Unión Europea.
Críticas en torno a la responsabilidad fiscal y la protección social
Desde la oposición y algunos expertos económicos se advierte que un déficit adicional de esta magnitud podría poner en riesgo la estabilidad económica del país, aumentar la deuda y generar presiones en los mercados financieros. Consideran que este tipo de iniciativas requieren nuevos ingresos, no únicamente un incremento en el gasto, para no comprometer la viabilidad futura.
Por su parte, los defensores del pacto sostienen que el “Escudo Social” responde a una demanda real: proteger a las familias más desfavorecidas frente a un entorno económico complicado. Para ellos, el impacto social justifica el gasto presupuestario.
El equilibrio entre solidaridad y sostenibilidad
El acuerdo alcanzado por el Gobierno con Bildu para prolongar el “Escudo Social” representa un compromiso importante con la protección social. No obstante, su elevado coste —7.900 millones de euros— plantea dudas sobre la sostenibilidad fiscal. El desafío consiste ahora en encontrar un balance entre la justicia social y la responsabilidad económica sin poner en peligro la salud financiera del país.











