Un grupo de científicos españoles ha verificado por primera vez la presencia en las aguas del Mediterráneo peninsular de una microalga tóxica capaz de generar toxinas marinas que se acumulan en peces y pueden causar intoxicaciones alimentarias en quienes consumen pescado contaminado. Este descubrimiento, importante para la vigilancia ambiental y la salud pública, se localizó en el litoral de Dénia y Jávea, en Alicante.
La microalga detectada pertenece al género Gambierdiscus, concretamente a la especie Gambierdiscus australes, un dinoflagelado marino productor de ciguatoxinas. Estas toxinas pueden ingresar a la cadena alimentaria mediante peces que las almacenan en sus tejidos. Al consumir pescado contaminado, las personas pueden sufrir una intoxicación conocida como ciguatera, que afecta principalmente al sistema nervioso y digestivo.
Descubrimiento sin precedentes en el Mediterráneo español
El hallazgo se realizó durante muestreos rutinarios de fitoplancton llevados a cabo por un laboratorio ligado a una universidad española. A lo largo del último año se tomaron muestras en distintas estaciones, tanto cercanas a la costa como en zonas más alejadas, para evaluar la composición del plancton.
Los análisis confirmaron la existencia de Gambierdiscus australes en un porcentaje relevante de las muestras, con concentraciones comprendidas entre 20 y 140 células por litro. Anteriormente, este género solo había sido identificado en otras regiones del país, como las Islas Baleares, pero nunca en la costa mediterránea peninsular. Este nuevo dato indica una posible expansión geográfica hacia áreas donde no se había registrado.
Riesgos para la salud alimentaria y controles implementados
Las ciguatoxinas tienen la particularidad de no destruirse ni con la cocción ni con la congelación, además de no alterar el aroma, color o sabor del pescado, lo que dificulta su detección por el consumidor.
Los síntomas asociados a la ciguatera incluyen náuseas, vómitos, diarrea, hormigueo, alteraciones en la percepción de frío y calor, además de trastornos neurológicos o cardiovasculares, dependiendo de la cantidad de toxina ingerida. Sin embargo, los expertos enfatizan que no hay motivo de alarma inmediata, dado que las concentraciones detectadas son consideradas moderadas y la especie identificada no es de las más peligrosas dentro de su grupo.
Por otro lado, las autoridades sanitarias cuentan con programas de control para analizar la presencia de biotoxinas marinas en el pescado previo a su venta, lo que minimiza el riesgo para la población.
Modificaciones en los patrones ecológicos marinos
La identificación de Gambierdiscus australes en el Mediterráneo peninsular plantea interrogantes sobre el impacto de los cambios ambientales, en particular el aumento de la temperatura del mar, en la distribución de microorganismos marinos potencialmente dañinos. Este desplazamiento hacia latitudes más templadas ya se ha observado en otros organismos y forma parte de la transformación de los ecosistemas marinos.
Los especialistas resaltan la importancia de mantener y fortalecer los programas de monitoreo del fitoplancton y las toxinas vinculadas, con el fin de anticipar riesgos y asegurar la seguridad alimentaria. Un seguimiento constante permitirá evaluar la evolución de este y otros géneros de microalgas que podrían representar un reto para la salud pública a futuro.
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