Alejandro, el vecino que en noviembre de 2025 contó ante las cámaras cómo intentó salvar a Eugenia Guevara, presuntamente asesinada por su pareja en Zaragoza, ha pasado de ser reconocido por su acción valiente a estar bajo investigación por omisión del deber de socorro.
Los sucesos ocurrieron la mañana del 4 de noviembre, cuando Eugenia, de nacionalidad nicaragüense y 49 años, fue asesinada dentro de su vivienda en la calle Privilegio de la Unión. Alejandro, que vive en el mismo edificio, avisó a la Policía tras escuchar gritos desesperados que provenían del piso superior. Minutos después, visiblemente conmocionado, explicó en Aragón TV que, durante varios minutos, golpeó la puerta con puños y patadas sin lograr abrirla, y que solo con la llegada de los agentes se pudo acceder forzando la entrada. Para entonces, la mujer ya había fallecido.
Su declaración, en la que narró incluso cómo se abalanzó sobre el agresor cuando este era detenido, generó un amplio apoyo en redes sociales, donde fue considerado un vecino valiente pero impotente ante la violencia del agresor.
No obstante, semanas más tarde, Karolina Blandón Guevara, hija de la víctima, presentó una denuncia judicial contra Alejandro. El Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 2 de Zaragoza admitió la denuncia, que señala que Alejandro no actuó con la diligencia necesaria, a pesar de conocer la gravedad de la situación. La jueza ha ordenado investigar y Alejandro figura ahora como imputado.
La denuncia señala que el asesinato de Eugenia ocurrió entre la llamada realizada por Alejandro al 091 y la entrada de los agentes, y cuestiona que el vecino no intentara una intervención más directa para frenar la agresión. También destaca una grabación de audio desde fuera del piso, en la que se escuchan los gritos de la víctima, grabación que fue enviada a su hija. Para la acusación, dicho audio prueba que Alejandro estaba plenamente consciente del peligro vital que enfrentaba Eugenia.
Además, el escrito menciona que Alejandro conocía desde hace tiempo la situación de violencia de género que sufría la víctima y que no llamó a la Policía de inmediato, lo que habría causado la pérdida de tiempo valioso para su auxilio.
Alejandro niega estas acusaciones. Explica que durante varios minutos intentó derribar la puerta, que comenzó a grabar por indicación de otra vecina y que la Policía llegó “en cuestión de minutos”. Afirma que entrar en el piso habría puesto en riesgo su propia seguridad y sostiene que, sin su intervención, el presunto asesino podría haber escapado.
“Si hubiera entrado, me habría arriesgado la vida”, señala, añadiendo que desde el crimen se encuentra en tratamiento psiquiátrico por depresión y ansiedad.
El principal sospechoso, Abel, de 63 años, está en prisión tras recuperarse de un intento de suicidio con amoníaco. Mientras avanza la investigación por el asesinato, el caso ha sumado un nuevo y polémico episodio judicial que reactiva el debate sobre los límites del deber de socorro en casos extremos de violencia.

















