La prisión preventiva impuesta a José Luis Ábalos ha provocado diversas repercusiones en los ámbitos político, económico y parlamentario. Más allá de las consecuencias legales, la resolución del Tribunal Supremo implica la suspensión inmediata de sus derechos y obligaciones como diputado, situándolo cerca de no recibir la indemnización que le correspondería tras siete legislaturas consecutivas, que supera los 100.000 euros netos.
Suspensión parlamentaria implica pérdida de salario y funciones
Tras notificar el Supremo su ingreso en prisión, la Mesa del Congreso aplicó el artículo 21 del Reglamento, que establece la suspensión de cualquier diputado en prisión provisional con auto de procesamiento firme. Desde entonces, Ábalos cancela su asignación constitucional mensual, las dietas correspondientes por ser diputado por Valencia y los complementos que adquirió por presidir comisiones.
Asimismo, pierde el derecho a participar en debates, votar o integrarse en grupos parlamentarios. Su pertenencia al Grupo Mixto permanece congelada y, en la práctica, queda sin actividad parlamentaria. Además, su salario queda embargado de forma preventiva para posibles multas o responsabilidades civiles futuras.
Razones por las que puede quedar sin indemnización
La indemnización parlamentaria, conocida como “cesantía”, no se otorga automáticamente y está diseñada para facilitar la reincorporación al ámbito laboral tras voluntariamente dejar la política. Su cuantía, que depende del número de legislaturas, puede llegar hasta 18 mensualidades. En el caso de Ábalos, sus siete legislaturas pondrían dicha indemnización por encima de 100.000 euros.
No obstante, al encontrarse en prisión preventiva, se incumple el propósito de esta ayuda, ya que no abandona el escaño por voluntad propia ni está en un proceso de reintegración laboral. Según los criterios jurídicos internos del Congreso, conceder esta indemnización en tales condiciones carecería de base legal y no respetaría el objetivo de la prestación.
Además, si en un futuro cambia la mayoría en la Mesa, es probable que haya mayor reticencia a aceptar una eventual solicitud del exministro.
Los precedentes en el Congreso refuerzan esta posición. Otros exdiputados con situaciones judiciales delicadas, como Santos Cerdán o Íñigo Errejón, sí recibieron indemnización al renunciar voluntariamente a su escaño antes de abandonar la Cámara, requisito que Ábalos no ha asumido.
Impacto político: el Gobierno pierde margen de maniobra
Aunque el caso es inédito en la democracia —es la primera ocasión que un diputado en activo entra en prisión preventiva sin renunciar al escaño—, el número oficial de diputados y la mayoría absoluta no se modificarán; seguirán siendo 350 diputados y 176 votos.
No obstante, la estabilidad parlamentaria se reduce. El bloque que apoya al Gobierno contaba hasta ahora con 179 apoyos potenciales. Sin Ábalos, esta cifra desciende a 178, lo que aumenta la influencia de Junts. En determinadas votaciones, una abstención conjunta con PP y Vox podría causar empates que bloquearían leyes o iniciativas importantes.
Un efecto que va más allá de lo personal
La encarcelación de Ábalos abre no solo frentes judiciales y políticos, sino que también obliga al Congreso a implementar medidas excepcionales y establece un precedente en cuanto a la concesión de indemnizaciones en casos de suspensión por prisión preventiva.
Este desenlace afecta no solo al futuro del exministro, sino también al equilibrio del Parlamento y al funcionamiento interno de la Cámara.
