El aprendizaje vicario y la saturación informativa explican la sensación de inseguridad que sienten los ciudadanos tras los graves accidentes ocurridos en España
La sociedad española ha vuelto a conmoverse por una tragedia ferroviaria. «Lo primero que pensé fue en Adamuz. ¿Quién querrá subir a un tren ahora?», comentaba una persona cerca de la estación de Madrid-Atocha. En apenas nueve meses, el país ha sufrido dos accidentes ferroviarios que se han cobrado más de un centenar de vidas, con 46 fallecidos en Adamuz y más de 60 en el reciente accidente en Toledo. Dado que el tren es un medio habitual para numerosos desplazamientos cortos y largos, el impacto emocional afecta tanto a los afectados directos como a quienes reciben indirectamente la información, generando sentimientos de inseguridad, miedo y preocupación.
La observación y la gestión del consumo informativo como claves
El miedo a utilizar el transporte no requiere haber experimentado el accidente en persona. María Huertas, psicóloga sanitaria, profesora en el Centro Universitario ESCUNI y codirectora de Espacio Psinergia, señala que no es imprescindible vivir un trauma directo para desarrollar miedo, ya que funciona mediante el aprendizaje vicario, un proceso psicológico en el que las personas aprenden a partir de las experiencias de otros.
En línea con esto, Andrés Montero Conde, psicólogo sanitario y director de Ethos Psicólogos, explica que cuando se conocen detalles de un accidente de tal gravedad, especialmente con la difusión prolongada de imágenes y testimonios, la mente tiende a generar la idea de que un evento similar podría sucederle a uno mismo o a sus allegados.
En este sentido, los especialistas en salud mental recomiendan protegerse frente a la sobreexposición mediática. Gema Cortés Almansa, psicóloga y codirectora de Espacio Psinergia, destaca la importancia de distinguir entre mantenerse informado y exponerse repetidamente a contenidos gráficos. La repetición de imágenes impactantes puede aumentar el malestar y prolongar una sensación continua de alerta, especialmente en personas con mayor propensión a la ansiedad, por lo que aconseja informarse sin exponerse a material que provoque sufrimiento.
Montero cita estudios sobre sucesos traumáticos previos, como los atentados en el maratón de Boston, que demostraron una relación directa entre la exposición intensa a noticias y un aumento del malestar psicológico. Por ello, recuerda que limitar el consumo de estas informaciones ayuda a recuperar la tranquilidad y evita que el miedo domine el pensamiento.
Cómo distinguir entre temor normal y desarrollo de fobia
Tras una tragedia como la registrada en Toledo, sentir miedo es una respuesta natural. María Huertas aclara que esta reacción no necesariamente indica una fobia. Para diferenciar un miedo temporal de un trastorno que requiera atención psicológica, recomienda valorar tres aspectos clave: la intensidad del miedo, su duración y cómo afecta la vida diaria del individuo.
Es común experimentar cierta inquietud o un estado de alerta al subir a un tren después de un accidente. Andrés Montero señala que no hay que juzgar estas emociones, ya que el cerebro procesa la situación como una amenaza para proteger al organismo. Sin embargo, tanto Huertas como Montero coinciden en que si el miedo es muy intenso, acompañado de ansiedad y conduce a evitar el tren, es recomendable buscar ayuda profesional.
Terapias para manejar la ansiedad y recuperar la confianza en el transporte
El abordaje de las consecuencias emocionales comienza con la aceptación de las emociones y la identificación de los factores que generan alerta, respetando los tiempos de cada persona. Gema Cortés aconseja no exigir una recuperación inmediata y sugiere reintegrarse al uso del tren de forma gradual, adaptándose al ritmo propio y empezando por situaciones que produzcan un nivel moderado de ansiedad manejable.
Existen tratamientos con respaldo científico para este problema. Las terapias cognitivo-conductuales abordan los pensamientos relacionados con el miedo a un accidente, las reacciones fisiológicas de ansiedad y las conductas evitativas. También la terapia EMDR es una opción efectiva. Los expertos resaltan la importancia de adaptar estas estrategias a cada paciente, creando un espacio seguro para expresar temores sin juicio. El objetivo no es convencer de que no existe riesgo, sino ayudar a procesar el impacto emocional para que el miedo no condicione la vida cotidiana.
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