Este mecanismo articulado constituye el único nexo de alimentación eléctrica de los trenes modernos; su precisión técnica y su respuesta aerodinámica resultan críticas para garantizar la seguridad y continuidad del suministro en la alta velocidad.
En una semana marcada por el luto ferroviario en España, tras los siniestros de Adamuz (Córdoba) y Gelida (Barcelona) que se han cobrado la vida de tres maquinistas, la atención técnica y pública se ha centrado en un elemento hasta ahora invisible para el gran público: el pantógrafo. Este dispositivo, situado en el techo de las locomotoras, ha cobrado especial relevancia tras las filtraciones de los audios del maquinista del tren Iryo, quien antes del impacto informó de un “enganchón” y de la imposibilidad de bajar este mecanismo.
El pantógrafo no es solo un brazo metálico; es el sistema encargado de transmitir la energía eléctrica desde la línea aérea (catenaria) hasta los motores de tracción. Sin esta pieza de ingeniería, el movimiento de cientos de toneladas a velocidades de 300 km/h sería físicamente imposible, convirtiéndose en el “cordón umbilical” que permite al tren “beber” la electricidad necesaria para operar.
El desafío físico: Contacto constante a 300 km/h
La complejidad del pantógrafo reside en su capacidad para mantener una presión constante contra el cable conductor, independientemente de las irregularidades de la vía o la altura de la catenaria. Para la alta velocidad, este equilibrio es una cuestión de milímetros:
- Aerodinámica y Presión: El brazo debe vencer la resistencia del viento para no separarse del cable. Una presión excesiva desgastaría prematuramente la infraestructura, mientras que una insuficiente generaría arcos eléctricos (chispazos) capaces de fundir componentes o provocar cortes críticos de suministro.
- Materiales de alta tecnología: La “mesilla” o frotador —la parte superior que impacta con el cable— suele estar fabricada con inserciones de grafito o carbono. Estos materiales facilitan el deslizamiento y son capaces de soportar las altísimas temperaturas derivadas de la fricción constante y el paso de corriente.
El secreto del “zig-zag”: Por qué la catenaria nunca es recta
Un aspecto desconocido para el viajero medio es la disposición geométrica de los cables. Si la catenaria fuera una línea recta perfecta, el cable siempre rozaría el pantógrafo en el mismo punto, creando un surco profundo que acabaría seccionando la pieza.
Para evitar este efecto “sierra”, los ingenieros diseñan el tendido eléctrico en un ligero zig-zag. Gracias a este desplazamiento lateral, el punto de contacto barre toda la superficie de la mesilla del pantógrafo de forma uniforme, garantizando un desgaste equilibrado y prolongando la vida útil del sistema.
¿Por qué se habla hoy de “enganchones”?
En el contexto de los recientes accidentes, el término “enganchón” hace referencia a una de las averías más temidas: cuando el pantógrafo se enreda con la catenaria o se rompe, pudiendo llegar a derribar metros de cable o bloquear mecánicamente el tren. La investigación en Adamuz determinará si un fallo en este mecanismo articulado fue el desencadenante de la invasión de vía que terminó en colisión.
















