Según el grupo estadounidense de derechos humanos HRANA, la represión de las manifestaciones que llevan más de dos semanas sacudiendo Irán ha resultado en aproximadamente 2.600 muertes. Esta es la mayor oleada de violencia interna en años, en un contexto de crecientes tensiones con Estados Unidos.
HRANA ha confirmado la muerte de 2.403 manifestantes, 147 personas relacionadas con el Gobierno, 12 menores y nueve civiles no involucrados en las protestas. Por otro lado, un funcionario iraní admitió recientemente una cifra aproximada de 2.000 fallecidos, siendo esta la primera cifra oficial desde el inicio de los disturbios.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha alentado a la población iraní a continuar con las protestas, invitándolos a «tomar las instituciones» y asegurando que la asistencia está en camino. Por su parte, las autoridades iraníes han responsabilizado a Estados Unidos e Israel de promover la violencia y han calificado como «agentes terroristas» a quienes, según ellos, han provocado las muertes desde el extranjero.
Con un tono más contundente, el ministro de Defensa iraní, general de brigada Aziz Nafizardeh, declaró que Irán responderá con ataques a cualquier acción ofensiva de Estados Unidos. Afirmó que «todas las bases estadounidenses y de otros países de la región que participen en ataques contra suelo iraní serán consideradas objetivos legítimos», y advirtió que la respuesta será «dolorosa para los enemigos».
Este miércoles, Teherán ha celebrado funerales por más de cien miembros de las fuerzas de seguridad fallecidos durante las protestas, buscando mostrar unidad nacional. Según la agencia estatal Mehr, los cuerpos serán trasladados en procesión desde la Universidad de Teherán hasta el cementerio de la capital.
La escalada de violencia y la amenaza de un posible enfrentamiento militar internacional representan un momento crítico para la República Islámica, que enfrenta su mayor crisis de legitimidad interna en años.











