En Irán, la dificultad para adquirir productos básicos como el aceite de cocina ha provocado un malestar social que se traduce en manifestaciones multitudinarias en diversas regiones del país. La población afronta una inflación persistente, elevados índices de desempleo juvenil y pobreza extendida. Esto ha llevado a muchas personas a comprar alimentos esenciales a crédito o incluso a pasar las noches en las azoteas para reducir gastos en calefacción.
Estas situaciones extremas evidencian un problema estructural prolongado, en el que el aumento del coste de vida ha generado descontento y enfado. Las manifestaciones, que comenzaron con demandas económicas, han evolucionado hacia cuestionamientos sobre la gestión del gobierno y reclamos por reformas inmediatas.
“La cuestión ya no es solo la falta de empleo o el incremento del precio de los productos básicos, sino también la sensación cotidiana de abandono que experimenta la población”, señala un economista local. Las autoridades han reforzado la presencia policial en las principales urbes, pero las protestas siguen congregando a miles de iraníes.











