Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, vuelve a centrar la atención en la política exterior en un momento delicado de su mandato, caracterizado por derrotas electorales, investigaciones judiciales relacionadas con personas de su entorno y la reducción de apoyos parlamentarios. Su reciente decisión de no acudir a la tradicional Pascua Militar para participar en una cumbre europea en París indica un cambio de prioridades hacia la agenda internacional.
La reunión en París tenía como propósito discutir la situación en Groenlandia tras las amenazas de intervención por parte del expresidente estadounidense Donald Trump, además de la crisis en Venezuela, donde la designación de Delcy Rodríguez como presidenta ha provocado un aumento de las tensiones internacionales. Según fuentes del Ejecutivo, la política exterior se ha convertido en «el eje central» para fortalecer la imagen del Gobierno y distinguirse de la oposición, especialmente del Partido Popular, al que se considera menos confiable en asuntos internacionales.
El desplazamiento de Sánchez ocurre en un año político difícil. El PSOE enfrenta las consecuencias de su retroceso electoral, las investigaciones por corrupción en su entorno y la pérdida de la mayoría parlamentaria. En este contexto, la acción exterior se presenta como una herramienta para mantener la visibilidad del Ejecutivo y consolidar su liderazgo frente a los retos internos.
El presidente ha mantenido un perfil internacional firme, recibiendo a líderes como Trump, Netanyahu y Zelensky durante 2025, y posicionándose como un referente en la oposición a la extrema derecha global. No obstante, expertos políticos advierten que, a pesar de este protagonismo internacional, estas acciones difícilmente revertirán la situación interna del PSOE ni garantizarán el éxito electoral en 2026.
