La actualización de las pensiones contributivas para 2026, prevista en un 2,7% acorde con la evolución de los precios, representará un importante desafío para las finanzas públicas. Este incremento, destinado a preservar el poder adquisitivo de 9,4 millones de pensionistas, implicará un gasto directo de 5.400 millones de euros, una cantidad que por sí sola excede el presupuesto anual asignado a áreas clave del Estado.
Comparación de magnitudes presupuestarias
Para dimensionar la revalorización, basta recordar que esos 5.400 millones de euros igualan o superan el gasto total en Tribunales de Justicia (5.416 millones). Además, este aumento:
• Duplica la inversión en Bomberos (3.014 millones).
• Triplica el presupuesto anual de una comunidad autónoma como La Rioja (2.118 millones).
• Supera los 5.100 millones que se distribuirán mediante el Ingreso Mínimo Vital (IMV) a 700.000 hogares durante 2025.
Incluso al sumar todas las políticas vinculadas a vivienda, urbanismo y deducciones fiscales relacionadas, el total apenas igualaría el costo de esta actualización anual.
El coste real supera los 12.600 millones de euros
Aunque la revalorización por IPC se estima en 5.400 millones, el gasto total del sistema será mucho mayor. Según el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), la combinación de las subidas en las pensiones mínimas, el ajuste de las máximas y la incorporación de 400.000 nuevos beneficiarios hará que la factura global ascienda a 12.610 millones de euros.
Este incremento es comparativamente similar a una nómina mensual completa de la Seguridad Social. En términos relativos, esta cifra se acerca al presupuesto de Defensa (14.000 millones) y casi duplica el gasto en el sistema universitario (8.800 millones).
El sistema enfrenta presión demográfica y financiera
Desde que en 2021 se vinculó la subida de pensiones al IPC, estas han aumentado cerca de un 20%, mientras que los salarios medios han crecido alrededor de la mitad en ese mismo periodo. Esta diferencia acentúa el déficit estructural de un sistema donde los 165.000 millones recaudados por cotizaciones no son suficientes para cubrir los 200.000 millones en prestaciones.
La diferencia, superior al 20%, debe cubrirse con impuestos generales o deuda pública, lo que resta recursos a otras áreas. Organismos como la AIReF y la Comisión Europea advierten sobre el «efecto sustitución» —cuando los nuevos jubilados perciben pensiones más elevadas que quienes fallecen— y el envejecimiento poblacional, factores que incrementarán la presión financiera hacia 2050. Actualmente, los jubilados reciben un promedio de 1,6 euros por cada euro cotizado, un nivel de generosidad que sitúa a España por encima de países como Alemania.











