El proceso judicial en torno a Begoña Gómez ha colocado nuevamente en el foco la discusión sobre el papel que deben desempeñar los jurados populares frente a los tribunales integrados por profesionales del derecho. Desde su creación en 1995, consecuencia de una ley promovida por la izquierda, estos grupos formados por ciudadanos sin formación jurídica especializada han sido objeto de controversia, especialmente en casos con gran repercusión mediática o delitos complejos.
Los partidarios de esta modalidad argumentan que los jurados populares facilitan una mayor cercanía de la justicia con la sociedad y fortalecen la confianza en la democracia. Por otro lado, sus detractores dudan de la aptitud de estos jurados para analizar pruebas técnicas o manejar procesos judiciales que requieren una interpretación legal especializada.
El ‘caso Begoña Gómez’, dada su amplia visibilidad pública y su impacto político, vuelve a cuestionar si este tipo de participación ciudadana en la justicia es apropiado en asuntos tan sensibles o si sería preferible que estos casos fueran juzgados exclusivamente por jueces profesionales.
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