La Cámara Baja ha rechazado la iniciativa legislativa acordada por PSOE y Junts para ceder a Cataluña la gestión de las competencias migratorias. La votación terminó con 177 votos contrarios y 173 favorables, lo que representa un revés para el Ejecutivo de Pedro Sánchez y aumenta la presión sobre su ajustada mayoría parlamentaria.
Esta derrota no se debió únicamente al voto en contra conjunto de PP, Vox, UPN y Podemos —que calificó el texto de “racista”—, sino también a la divergencia dentro de Sumar. Los diputados Alberto Ibáñez (Compromís) y Jorge Pueyo (Chunta Aragonesista) rompieron la disciplina de voto y respaldaron la postura contraria, limitando así la capacidad de maniobra del Gobierno.
El rechazo supone un revés importante para Junts, que había apostado por la transferencia migratoria como uno de sus principales condicionantes para dar apoyo a esta legislatura. Carles Puigdemont responsabilizó directamente a Sánchez por el fracaso de la propuesta, reforzando el argumento de ruptura con el Ejecutivo.
En el debate, la portavoz de Junts, Míriam Nogueras, defendió la cesión de estas competencias como un recurso fundamental para gestionar el crecimiento migratorio que afecta a Cataluña, relacionando esta cuestión con la preservación de la identidad y lengua catalana. Sin embargo, su intervención fue criticada por varios grupos, que consideraron estas declaraciones como una visión xenófoba alineada con discursos de la extrema derecha.
El PSOE intentó retirar cualquier carga ideológica a la propuesta, presentándola como un asunto estrictamente de competencia administrativa, mientras que Podemos criticó el texto por mantener un enfoque “racista” y propuso en su lugar negociar una regularización masiva de extranjeros. Desde ERC, Gabriel Rufián criticó a Junts por causar perjuicios a Cataluña y por adoptar posiciones cercanas a la ultraderecha catalana.
La votación también evidenció las tensiones internas en Sumar. Aunque la dirección respaldó la propuesta bajo la bandera del “plurinacionalismo”, dos diputados manifestaron que no se trataba sólo de una cesión administrativa, sino de una disputa cultural que estigmatiza a los migrantes.
Este fracaso en el acuerdo migratorio provoca heridas dentro del bloque de investidura y fortalece el discurso de Junts sobre la incapacidad del Estado para satisfacer las demandas de autogobierno de Cataluña. Con la estabilidad de la legislatura en cuestión, este episodio añade incertidumbre sobre la continuidad del Gobierno y la relación con el independentismo catalán.











